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Él quedó en tierra para hacer el cuento y no imaginó que estaría vinculado a Cuba por unos 30 años.

Milton Hershey y su esposa Elizabeth “Kitty” Sweeney

El Titanic, el mayor barco del mundo en el momento de su botadura, naufragó en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912 durante su viaje inaugural desde Southampton a Nueva York y mil 514 personas de las dos mil 223 que iban a bordo, perdieron la vida, en una de las mayores catástrofes marinas de la historia, ocurrida en tiempo de paz.

El inmenso transatlántico, el segundo de los tres que formaban la clase Olympic, propiedad de la naviera White Star Line y construido entre 1909 y 1912 en el astillero Harland and Wolff, en Belfast, se llevó consigo a las profundidades del océano a varias celebridades, pero otras lograron salvarse por casualidad.

Con el Titanic se hundieron sus prestigiosos capitanes John Jacob Astor IV y Benjamin Guggenheim, el co-propietario de las tiendas Macy’s Isidor Straus y el popular escritor estadounidense Jacques Futrelle, asi como el pintor y escultor Francisco Millet, y el mayor Archibald Butt, amigo y ayudante del entonces presidente William Howard Taft.

Otras muchas más personas prominentes podrían haber estado a bordo, pero los caprichos del destino lo impidieron; tal es el caso de Milton Hershey, el Rey del Chocolate y su esposa que disfrutaban del invierno en Francia.

El acaudalado matrimonio tenía previsto regresar a Estados Unidos en el lujoso barco de pasajeros, sin embargo cuestiones de negocios lo obligaron a cancelar sus boletos y después de varios días emprender la travesía en el América.

Copia del boleto de pasaje del matrimonio Hershey

Milton Hershey, quien llegaría a convertirse en uno de los hombres más influyentes de Estados Unidos en la producción y comercialización de “chocolates con leche” nació El 13 de septiembre de 1857, en Hockersville, una aldea próxima a Pensilvania, en el seno de una humilde familia de ascendencia alemana.

En el campo aprendió varios oficios, hasta descubrir su pasión por la industria de las confituras al comenzar a trabajar en 1883 en la casa Huyler, famosa en esos menesteres, para 11 años después fundar la fabrica Lancaster, con sucursales en Nueva York y Chicago.

La industria creada por Milton Hershey exportaba además sus producciones a distantes lugares como Japón, China y Australia, pero aún sus planes eran más abarcadores y ambiciosos y fue entonces que construyó en el valle Lebanol, en el mismo sitio donde nació y creció, una planta que a la postre lo definió con el “Rey del Chocolate”.

La imagen de esta furgoneta del año 1927, atrapada en el tiempo, cobra vida y es como si Milton Hershey y sus chocolates regresaran a Cuba.

Allí financió la edificación de una comunidad modelo, que hoy día cuenta con más de 20 mil habitantes, y cuya economía depende de la producción del universal chocolate y de otras actividades afines, donde trabajan más de la mitad de sus hombres y mujeres.

En 1915 Hershey pensó en la posibilidad de producir el azúcar para sus chocolates y emprendió un viaje a Cuba con el propósito de construir un central en zonas cercanas a la costa para favorecer los embarques a los Estados Unidos.

El magnate industrial había vendido la confitera Lancaster en más de un millón de dólares, que en aquella época era mucho dinero y logra su propósito en un valle cercano al pueblecito de pescadores de Santa Cruz del Norte, en las afueras de La Habana.

En relación con su entrada a Cuba, existen varias versiones, pero testimonios orales, copias de algunas cartas y referencias periodísticas coinciden en situar como la fecha más exacta la primavera de 1916, según un libro de 2008 de la investigadora Amarilys Ribot.

La foto de marzo de 1917 marca el lugar donde se construyó el central Hershey

El lugar escogido según el texto fue comprado a don Cosme Blanco Herrera, propietario del ingenio Carolina, aunque otros plantean que fueron las tierras del Purísima Concepción, demolido en la guerra de independencia de Cuba y cuyas ruinas aún existen.

Así Milton Hershey estaba a las puertas de reeditar el gran experimento desarrollado en Derry Township, en esta ocasión a partir de la edificación de un central azucarero y un pueblo para obreros, similar al del terruño que lo vio nacer.

Además de las cómodas viviendas en alquiler, contaba con atención médica, una tienda mixta, una escuela y un orfanato, así como campos de béisbol y de golf, un club deportivo y el área campestre-recreativa de los Jardines de Hershey.

Compró más de 24 mil 200 hectáreas de campos de caña de azúcar y al poner en marcha la red ferroviaria de 140 kilómetros de extensión logra transportar mercancías y a partir de 1920, pasajeros, incluidos los propios empleados que viajaban gratis.

El central de su propiedad que comenzó a funcionar en 1922 contaba con la refinería más grande de la época, molía más 560 mil arrobas de caña diarias y en sus áreas funcionaba una planta extractora de aceite de maní, entre otras industrias

Después de la Segunda Guerra Mundial, exactamente en 1946 el grupo empresarial Hershey vendió el emporio a la Cuban-Atlantic Sugar Company, que lo revendió nueve años después a Julio Lobo, conocido como el “Napoleón de Cuba”

Al momento de la transacción las operaciones incluían 60 mil acres de tierra, cinco ingenios de azúcar crudo, una planta de aceite de maní y una de henequén, 4 unidades eléctricas y 251 millas de vías férreas con suficientes locomotoras y carros.

Vista aérea del batey y el central Hershey

Hershey se casó con Elizabeth “Kitty” Sweeney (1872-1915) una católica irlandesa de Jamestown, Nueva York y como no tuvieron hijos, se volcaron en numerosas obras de caridad especialmente para niños y huérfanos, y el bienestar de la comunidad.

Legó parte de su fortuna para la fundación de organizaciones filantrópicas, escuelas y hospitales y murió de una neumonía el 13 de octubre de 1945 a los 88 años de edad y fue enterrado en el Hershey Cemetery, fundado por él mismo en esa localidad.

La presencia y la manera de hacer negocios de Hershey en la mayor de las Antillas contrastaban fuertemente con la mayoría de los empresarios extranjeros que explotaban el país y su gente y se llevaban sus ganancias a casa.

Esta es la historia de Milton Hershey que quizá por obra del azar aquel fatídico día, quedó en tierra para hacer el cuento y ni si quiera imaginó que su quehacer como hombre de negocios, estaría vinculado a nuestra Isla grande por casi una treintena de años.

Fuentes/Fotos: Publicaciones Hablax/Museo Miltón Hershey/ Smithsonian Magazine/ “Hershey”(Libro)

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