Los Fanjul pagaron gran parte de la carrera política del actual Secretario de Estado.

En 2009, cuando el joven Marcos Rubio era un candidato con escasas posibilidades alcanzar la carrera por el Senado de los Estados Unidos, la familia de origen cubano Fanjul movilizó tanto su dinero como influencias con ese propósito.

Los Fanjul controlan, aproximadamente, un tercio de la producción de caña de azúcar del estado de Florida, y perciben al menos 60 millones de dólares al año solo en subsidios, según un análisis de la Oficina General de Contabilidad.

Al conquistar el escaño, el republicano Rubio, votó dos veces junto a los demócratas en el empeño por preservar las ayudas gubernamentales al azúcar, incluso mientras atacaba el “bienestar corporativo” en otros sectores.

Luego cuando anunció en un acto su candidatura presidencial, agradeció en efusivo abrazo a Pepe Fanjul, el éxito su carrera política, en una imagen más que elocuente y reveladora de la comprometida relación entre ambos.

Él sostiene que los Fanjul y las donaciones políticas en general no dictan sus opiniones, pero se opuso en 2016 a usar dinero federal y estatal en la recuperación de 60 mil acres de humedales, que el Gran Azúcar también rechazó.

Las agendas de Rubio y los lobistas del azúcar, coinciden incluso cuando figuras conservadoras como Grover Norquist, criticaron esa posición, en una muestra de su incondicionalidad respecto a los planes de los Fanjul.

José Fanjul con Juan Carlos de Borbón. Portada de la Revista Vanity Fair de octubre de 2020

Lo que resulta más llamativo, sin embargo, no es lo que Rubio ha hecho por los ellos dentro del Senado. Es lo que calla, tal es el caso de la situación de los jornaleros haitianos y su descendientes sin estatus legal en el Central Romana.

El expediente de Central Romana

El corazón más oscuro del imperio Fanjul late en República Dominicana, donde al trabajo forzoso, se suman la vulnerabilidad, aislamiento, retención de salarios, pésimas condiciones laborales y de vida y horas extra excesivas.

El Departamento de Trabajo de Estados Unidos publicó en 2013 un informe sobre las condiciones laborales peligrosas y el abuso sistemático de derechos laborales en las plantaciones en ese lugar en una especie de esclavitud moderna.

En 2022, la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), emitió una orden de retención que bloqueaba todas las importaciones de azúcar crudo y derivados de Central Romana hacia territorio estadounidense.

El 17 de marzo de 2025, Donald Trump actuó y no para reforzar la prohibición ni para exigir mejoras documentadas. Lo hizo para revocarla y los Fanjul, por su parte, comunicaron estar “complacidos” con la decisión del gobierno.

Mientras todo esto ocurría Rubio  anunció 25 de febrero de 2025, restricciones de visado contra cualquier persona vinculada al programa de misiones médicas de Cuba en el extranjero, con el argumento que es “trabajo forzoso”.

Marco Rubio, el hombre que en su propia autobiografía agradeció a los Fanjul que creyeran en él, no ha mencionado públicamente a los cortadores de caña haitianos que trabajan hasta los 80 años en los campos de sus mecenas.

El mismo estado que documentó 11 indicadores de trabajo forzoso en aquel sitio donde señorea una familia de raíces esclavistas, levantó sin ruido esa prohibición al conjuro de una administración en la que Rubio es el segundo al mando.

Hay una dimensión del caso Fanjul que trasciende el escándalo inmediato, porque nunca han abandonado Cuba, vive en su memoria como una deuda histórica pendiente y en los últimos años, ha empezado a parecer cobrable.

En marzo de 2026 Trump expresó en rueda de prensa “Conozco a una persona fantástica que es cubana y que hizo una fortuna con el azúcar. Saben, la familia Fanjul. Esta familia quiere regresar a Cuba. No han estado allí en unos 50 años”.

Era una señal y unos días después los oligarcas de origen cubano manifestaron su total apoyo y comprometieron su “experiencia, recursos y dedicación” a reconstruir la isla en caso de que caiga el gobierno revolucionario.

La geometría del asunto es, en ese contexto, impecable. Los Fanjul financian a Trump y a Rubio y estos dos aplican una política de máxima presión sobre la mayor de las Antillas con el objetivo declarado de acelerar el colapso.

Un imperio construido con dinero público

Cuando Alfonso Fanjul, se casó en Cuba con Lillian Rosa Gómez-Mena, la unión entre las dos adineradas familias sumaba diez ingenios azucareros, tres destilerías y una variada gama de propiedades inmobiliarias hasta 1959.

Con el triunfo de la Revolución, que nacionalizó sus ingenios, sus cañaverales, sus mansiones y su puerto, emigraron a Estados Unidos y hoy día sus ingenios refinan la más grande cantidad de azúcar de caña del mundo.

Décadas de ese flujo constante de dinero público han convertido a la familia en lo que TIME llamó sin ambages “la primera familia del bienestar corporativo de Estados Unidos”, precisa un extenso reportaje de Diario Red.

Para que la entrada de billetes no se interrumpa, Pepe y Alfonso Fanjul invierten en política, con una estrategia bipartidista por puro pragmatismo, como en 2016,  indistintamente a Trump y a Hillary Clinton, sin el menor rubor.

Ahora bien, el menor de ambos, residen en Palm Beach a pocos minutos de Mar-a-Lago lleva décadas según datos de Forbes como uno de los “principales donantes políticos y amigo de más de 40 años” del magnate Donald Trump.

Este logró que la Coca Cola utilizara azúcar de caña en sustitución del jarabe de maíz en sus productos en territorio estadounidense en favor de Pepe y Alfonzo Fanjul donante de más de siete millones de dólares a la campaña de Trump.

En tanto, el político que construyeron durante décadas —desde sus primeras donaciones hace 25 años— no ha parado en su intento de derrocar a la Revolución Cubana y saldar su deuda con el clan, que no por gusto, apostó por él.

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