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Ellos no pudieron disfrutar de la vida.

Unos 400 niños y adolescentes cubanos son diagnosticados con cáncer y alrededor de 1400 viven con esa enfermedad, y resulta decisivo el propósito de salvarlos y proteger la felicidad de sus familias en un escenario cuajado de adversidades.

En la isla caribeña el esfuerzo constante y el saber de los profesionales de la salud, choca  ahora con el castigo colectivo de Estados Unidos, por cuya razón la supervivencia de los menores aquejados de ese mal, se redujo al 65 por ciento.

A las carencias de medicamentos se suman las roturas de equipos,  y es que un diagnóstico oportuno también salva vidas al permitir tomar las mejores decisiones con el esquema de tratamiento en sala pediátrica del Instituto de Oncología.

La suma de estas dificultades y otras, provocan el descenso de este medidor del nivel de desarrollo socio-económico, que gracias a la voluntad política del estado cubano, llegó a sobrepasaba el 75 %, similar a países desarrollados.

No son cifras de producción de algo material o de cualquier otra tipo, son seres humanos, niños que no pudieron disfrutar de la vida, los perdimos, pudiéndolo evitar y duele, señala un artículo publicado en el medio Cubadebate.

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