Su reelección constituye una contundente victoria de la izquierda latinoamericana.
La reelección de Luiz Inacio Lula da Silva como presidente de Brasil, al derrotar al candidato de la ultraderecha Flavio Bolsonaro en el balotaje celebrado este domingo, constituye una contudente victoria de la izquierda latinoamericana.
El triunfo, considerado histórico, garantiza la continuidad del camino de paz, soberanía y justicia social emprendido por el pueblo brasileño bajo el liderazgo del octogenario político, que asumirá su cuarto período de mandatado con renovados bríos.
El otrora trabajador metalúrgico volvió a desafiar los pronósticos y escribió otra página inédita en la historia brasileña, al conquistar su cuarto mandato presidencial mediante una remontada electoral sin precedentes hasta hoy en el país.
Ningún otro político brasileño había conseguido en cuatro ocasiones la Presidencia ni logró imponerse en segunda vuelta después de terminar segundo en la primera, y por esa razón su triunfo adquiere dimensiones extraordinarias.
El hombre que emergió de la clase trabajadora llegó a encabezar los destinos de la mayor economía latinoamericana y su proyección en el plano internacional lo convierte en una de las figuras de mayor reconocimiento de la izquierda mundial.
Ahora, en vísperas de su cumpleaños 81, Lula da Silva protagoniza otro capítulo de gloria y regresa a demostrar una capacidad excepcional para interpretar aspiraciones populares y reagrupar mayorías cuando el camino parece cerrado.
Tras los descalabros del movimiento progresista en Bolivia, Chile, Argentina y Colombia, el resultado de los comicios en el gigante sudamericano, deviene duro golpe a las pretensiones de Washington de instaurar en el poder a un gobierno títere.






