A pesar de los reales chascos, todavía siguen hurgando en busca de tesoros.
Aún pueden verse a los buscadores de tesoros husmear por las cuevas de la costa norte de Mayabeque y el Conjunto Montañoso Escaleras de Jaruco, con sus potentes detectores Equinox 900 en busca de doblones de oro supuestamente enterrados allí por los piratas.
Algunos comentan que son infructuosas las búsquedas, porque solamente hallan fragmentos oxidados de machetes, cuencos, clavos y otros utensilios utilizados por cimarrones (esclavos africanos y chinos) que encontraron refugio seguro en esos intrincados parajes.
Y a pesar de los reales chascos, todavía siguen hurgando y abriendo huecos en los suelos y paredes de las grutas.
¿Pensarán que los famosos piratas Henry Morgan, Francis Drake, Barbanegra, François Le Clerc (Pata de Palo), Dragut, el Captain Kidd, Bartholomew Roberts, el Olonés y el cubano Diego Grillo eran bobos?
Existe la creencia errónea de que el Río San Juan, era navegable desde su desembocadura en la costa norte de Mayabeque hasta la Ciudad Condal de Jaruco.
Una buena parte de su extensión no rebasa los dos metros de calado, y hay tramos que el ancho no rebasa los tres metros, dimensiones que no permitirían el paso de un bergantín (Buque de vela normalmente de dos palos, mayor y trinquete, con bauprés y velas cuadradas y con una cangreja grande en el palo mayor).
Resultó la embarcación más usada por los piratas y corsarios, desde mediados del siglo XVII hasta el XIX y lLa tripulación de este tipo de embarcación era de hasta 100 hombres, y desplazaba hasta 150 toneladas.
Además, no creo que los piratas caminarán desde la costa hasta las Escaleras de Jaruco y sus alrededores, para enterrar sus botines y exponiéndose a la vigilancia de la soldadesca española, que tampoco eran bobos.
Lo cierto es que todavía te encuentras a buscadores de tesoros con sus detectores de metales en busca del inexistente doblón, enraizado por las leyendas de antaño, sin darse cuenta que la verdadera riqueza es la circundante biodiversidad del lugar.
Pero, si alguna vez tuvieron que esconder en cuevas de Boca de Jaruco, Puerto Escondido o en las Escaleras de Jaruco, cofres repletos de doblones de oro y joyas, a la semana siguiente regresaban y retornaban con el brilloso botín a Isla Tortuga o Port Royal.
Por: Francisco Martínez Chao/Foto Río: Daniel Sánchez





