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Por Francisco Martínez Chao

Un diestro jinete de tez blanquísima, cabellera color del sol y ojos azules como el cielo cubano, cabalgaba siempre a la par del Coronel Néstor Aranguren Martínez, jefe en 1897 del Regimiento de Caballería Habana.

¿Quién era?

Uno de los capitanes de ese destacamento mambí, nacido en Varsovia, (Polonia), donde fue inscrito como Frederick Helmouth, aunque para la mambisada fue simplemente el corajudo y amigable polaco Federico.

Entre Aranguren y Federico la empatía surgió fertilizada por el arrojo y la inteligencia, que ambos demostraron en la organización de las tácticas empleadas en el combate.

El polaco disfrutó del hechizante paisaje de las Escaleras de Jaruco, cuando la tropa mambisa acampaba por los intrincados parajes del conjunto orográfico, a solo unos pocas leguas de La Habana.

En enero de 1896 llegó a la costa norte del occidente cubano, como parte de una expedición procedente de Cayo Hueso, incorporándose de inmediato al Regimiento de Caballería Habana, comandado en aquel entonces por el Mayor General José María Aguirre Valdés.

Su último combate

El 12 de mayo de 1897 el polaco Federico, recién cumplido los 55 años de edad, fue derribado del guerrero caballo por balas disparadas por efectivos del regimiento español de Numancia, durante el combate de la llanura El Cangre, en la localidad de Madruga.

Murió mirando hacia el azulado celeste de la eternidad, quizá recordando en ese momento a su natal Varsovia, a los padres, a la esposa y a los hijos, a los cubanos que junto a él lucharon en la manigua redentora.

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