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Es la efigie de una mujer, inspirada en la esposa del conquistador Hernán de Soto.

Hoy atrapa a los viajeros que llegan a La Habana

La Giraldilla, es una escultura muy particular que está vigilante en lo alto de una fortaleza colonial, ubicada en La Habana, la capital de la isla de Cuba por donde la mayoría de los turistas transitan y no deja pasar la oportunidad de retratase.

La estatuilla de una figura femenina, vestida a la moda del siglo XVI, sostiene en su mano derecha una palma real (símbolo de Cuba) y en la izquierda un asta con la Cruz de Calatrava, emblema que entonces portaban los gobernadores.

Los guías relatan que no es una Veleta de guerrero, sino la efigie de una mujer, que se convirtió en uno de los símbolos más queridos y representativos de la Ciudad Maravilla, custodiando desde el siglo XVII su historia y su alma.

Su pedestal es el Castillo de la Real Fuerza , la fortaleza de mampostería más antigua de América y cuya construcción data de 1558 por orden del Rey Felipe II, tras la caída de una fortificación anterior por corsarios franceses.

Fue pionero en el Nuevo Mundo por su diseño renacentista con forma de cuadrángulo y su foso perimetral y concebido para proteger el puerto y la villa de San Cristóbal de La Habana antes de Morro y La Punta, como defensas principales.

Sin embargo, su relevancia cambió al devenir residencia de los Capitanes Generales y, crucialmente, en la sede de la Casa de Contratación, que controlaba y custodia las riquezas de la Flota de Indias antes de su travesía a España.

La veleta fue fundida en bronce en 1632 por el escultor habanero Jerónimo Martínez Pinzón y su creación obedecía a una orden del entonces Gobernador de la isla, Juan de Bitrián y Viamonte, en homenaje a Doña Inés de Bobadilla.

Era la esposa del conquistador Hernando de Soto y cuando este partió de La Habana en 1539 hacia la Florida en busca de la Fuente de la Juventud, dejó a Bobadilla como la única fémina que ha ejercido, de facto, el cargo de Gobernadora de Cuba.

Se dice que ella subía diariamente a la torre del entonces primitivo castillo a escrutar el horizonte, esperando el regreso de su esposo, quien nunca volvió (murió en 1542) y de esa suerte, La Giraldilla es una especie de blasón de La Habana.

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