JOSÉ MARTÍ
Piropeando a lo cubano.

La actriz cubana Ana de Armas Ana de Armas: Talento y belleza, que triunfa en España dijo en una ocasión ¿Sabes qué es lo que echo también de menos? Los piropos. En mi país son unos artistas para ello.
Aún se discute si nació en Francia o en España, que es la creencia más generalizada, pero no hay duda de que el piropo arraigó en Cuba y se extendió aquí como la hierba.
Elogiar al paso la belleza de una mujer, hacerlo cara a cara, casi en su susurro, o decírselo solo con los ojos, nunca es pecado, y en verdad a veces es difícil contenerse porque hay cubanas tan monumentales que bien merecerían que las declarasen patrimonios de la nación.
El piropo, se dice, es un género literario popular que se aproxima al epigrama y al aforismo. Los hay ingeniosos, pícaros, originales y pueden exaltar la belleza de una mujer (y también de un hombre) o sintetizar el sentimiento que nos inspira, pero también celebrar la amistad. Requieren de imaginación; los animará una intención subyacente y se impone que sean breves a fin de que su destinataria (o destinatario) los capte y asimile al vuelo. Como cuando Ernest Hemingway recibió en Matanzas, la llamada Atenas de Cuba, la llave de la ciudad de manos de la poetisa Carilda Oliver Labra, y deslumbrado por aquella bellísima y provocativa mujer, entonces en la flor de su edad, le dijo: “Usted no necesitará de esa llavecita para abrirme el corazón”.
Un buen piropo motiva, entusiasma, levanta el ánimo. Aunque en ocasiones diga lo contrario, una mujer siempre lo agradece. Y más que la muchacha joven y linda, que, como un político en día de elecciones, sale a la calle en busca de sufragios, lo valora con más fuerza la mujer que va dejando de merecerlo. La primera, porque lo considera un acto de justicia. La otra, porque le hace sentir que todavía es capaz de llamar la atención, atraer miradas, despertar deseos e inflamar pasiones. “Señora, está usted como la historia: con muchas páginas, pero siempre interesante”, dice un hombre joven a una mujer de buen ver pese a su edad. Y si esa mujer va en compañía de su hija, la lisonja puede alcanzar a ambas: “Parecen hermanitas…” Lo que provoca la sonrisa de la niña y la satisfacción de la madre que ve desdibujarse los veinte años de diferencia que existen entre una y otra, mientras que un piropo como “Señora, vaya con Dios que yo me quedo con su hija”, pone distancia y marca la preferencia. Un amigo de este escribidor, hombre inteligentísimo y calvo como una bala de cañón, mereció en una ocasión este requiebro: “Oye, tu cabeza brilla tanto por fuera como por dentro”. Porque la acción de piropear no es privativa de los hombres. Piropean también las mujeres. Y no resulta extraño que cada vez más ellas respondan al elogio que se les hace. “Pareces un trasatlántico”, dijo uno a una dama de senos como atornillados, piernas larguísimas y opulentas caderas”. “Sí, ripostó ella, pero no tengo capitán”.
Una mujer casada y aburrida de la larga vida en común quedó “muerta en la carretera” cuando un vecino mucho más joven le espetó un día a la caída de la tarde: “Tírate, que yo te recojo”. Se “tiró” sin saber que minutos antes el mismo sujeto había endosado a otra vecina la frase no menos ocurrente de: “Si vende algo, yo soy el primero de la fila”. Que provocó esta respuesta: “Hay, pero no te toca”.
No todos los piropos persiguen el fin de llegar a las últimas consecuencias. Basta con que halaguen y despierten simpatía. “Si parpadeo, me pierdo un instante de tu belleza”; “Si la belleza fuese pecado, tú estarías en el infierno”. Los hay culinarios: “Niña, si cocinas como caminas, me como hasta la cazuela”. Ecológicos: “Tantos años de ser jardinero y nunca vi una flor como tú”. De salud: “Quién fuera bizco para verte dos veces”; “Eres lo que me recetó el médico”; “Qué caramelo y yo con diabetes”.
José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba, llevó de España a México, en una libreta que conservó hasta el fin de su vida, una serie de frases que bien pasan por piropos: “Sería yo espejo para que siempre me mirases”; “Sería sandalia para que pisases a mí solo con tus pies”. Porque, a veces sin saberlo, versos de grandes poetas se dicen en la calle como requiebros. Como este de Huidobro: “Muchacha, el mundo está amueblado por tus ojos”. O de Neruda: “Desnuda eres delgada como el trigo desnudo”.
O el clásico de Juan Ramón Jiménez: “Ni la toques ya más; que así es la rosa”.
Por Ciro Bianchi Ross.
Tomado del sitio web de Radio Cadena Habana.
EL AMOR DE JOSÉ MARTÍ POR SU MADRE.
Nacida en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera, procedía de una familia que contaba con algunos recursos económicos, los que llegaron a acrecentarse cuando, a poco de llegar a la isla, el padre gana un primer premio de la lotería que les permite vivir en una casa bastante espaciosa y cómoda en la calle Neptuno. En 1952 se une en matrimonio con el militar valenciano Mariano Martí, y un año más tarde, les nace su primogénito, al que bautizan con el nombre de José Julián. A éste se le suman en pocos años siete hijas: Leonor (la Chata), Mariana Matilde (Ana), María del Carmen (la valenciana), María del Pilar Eduarda, Rita Amelia (Amelia), Antonia Bruna y Dolores Eustaquia (Lolita)
Leonor Pérez Cabrera fue alguien que rompió con los códigos sociales de la época al aprender a leer y escribir de forma autodidacta y algo aún más insólito fue que atendió, en ausencia del marido, cuando éste se encontraba en Hanábana como juez pedáneo, los pocos bienes de la familia, en una época en la cual estos menesteres se destinaban solamente a hombres, amigos o familiares, poniendo en evidencia no solo los vínculos afectivos del matrimonio sino también la absoluta confianza en las habilidades, inteligencia y prudencia de la isleña para administrar asuntos de la economía familiar.
En más de una ocasión el patriota cubano enfatizó el papel desempeñado por sus padres en su formación ético-moral: “¿Y de quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?”, señalaría con justicia. Puede decirse que el amor de Martí por “los pobres de la tierra”, como muy acertadamente ha dicho Fina García Marruz, comenzó en el hogar
Cercana la fecha del Día de las Madres, que en Cuba se celebra el segundo domingo de mayo, no tenemos más que releer sus poemas y cartas a su querida madre, para la que siempre tuvo un trato cortés y respetuoso, a sabiendas de que su sinceridad, en cuanto a sus ansias de libertad e independencia de su patria, provocaban cierto enojo en ella.
La histórica recopilación de Las Obras Completas de José Martí, Edición Conmemorativa del Centenario de su Natalicio, Editorial Lex, La Habana Cuba, 1953, en su Volumen II, recoge en su Epistolario Familiar, unas cartas que el Apóstol escribió, donde aparecen 5 enviadas a su madre entre los años 1861 al 1895.La última, fechada en Montecristi, República Dominicana el 25 de marzo de 1895, es corta pero resume su amor a Doña Leonor y a sus hermanas, el cual nunca estuvo por debajo de sus principios independentistas.
Madre mía*:
Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojala pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces si que cuidaré yo de Vd. con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.
J. MARTí
EL AMOR DE LA MANO DE JOSÉ MARTÍ.
Allí despacio

En la poesía de José Martí el sujeto poético, como ocurre por los general en el modernismo americano, convoca frecuentemente a la imagen femenina
Allí despacio te diré mis cuitas,
¡Allí en tu boca escribiré mis versos!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
Ven, blanca oveja,
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos,
¿Sufrir tú, a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
No, mi tímida oveja, yo odio el lobo,
Ven, que la soledad será tu escudo.
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre las sombras acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
Un pilón labremos, y ¡en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!
Esa es la lidia humana: ¡la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
¿Pues los hombres soberbios, no son fieras?
Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta y mi furor domado.
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre,
Y tu virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
Del buen obrar que orgullo al pecho queda
Y como en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
¡Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! ¡Pues hay tormento
Como aquel, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo
CANTAR A JOSÉ MARTÍ.
A cantantes españoles refugiados en Francia, entre ellos Paco Ibáñez y el argentino Alberto Cortez, se atribuye la musicalización por vez primera de poémas de Federico García Lorca, Miguel Hernádez, Pablo Neruda y otros, incluyendo al cantalán Joan Manuel Serrat, como exponente de la obra de Antonio Machado.
La referencia a los pioneros de esa corriente deja de mencionar al cubano Joseito Fernández, autor de la Guantanamera, el cual musicalizó los versos de José Martí, quizás con algunos años de ventaja, pero en aquellos momentos, con menos difusión en el ámbito internacional.
José Martí, el más universal de los cubanos, precursor del modernismo y cuya poética traspasó las fronteras patrias, fue admirado por los más grandes escritores de su generación, y al decir del fallecido maestro de la música, el cubano, Harold Gramatges, “su obra burla el paso del tiempo”
El apóstol de la independencia de Cuba, fue un iluminador y su poesía ha sido llevada al pentagrama musical por prestigiosos interpretes del mundo, como Pete Seeger, Julio Iglesias, José Feliciano, Nacha Guevara, Celia Cruz, El Consorcio y Sergio Endrigo.
José Martí, el más leído de los periodistas de la etapa que le tocó vivir y sin proponérselo el más penetrante y creador de los modernistas, es dueño de una extensa obra literaria, pero sin lugar a dudas, sus “Versos Sencillos” son los más conocidos e interpretados por músicos de varios continentes.
En el Caribe, particularmente en Cuba, la tierra por la que ofrendó la vida, José Martí es considerado Héroe Nacional, y son muchos los que cantan sus poémas, entre ellos Amaury Péres Vidal y el controversial y afamado mundialmente, Pablo Milanés.
José Martí, revolucionario e intelectual, murió en combate por la libertad de Cuba, en 1895, a la edad de 42 años, pero a pesar de su corta vida, su genio y fructífera trayectoria lo convierten en la figura más avanzada del siglo 19 y por su universalidad, grandeza y vigencia, su poesía es motivo de inspiración, como hecho sonoro.
UNA FACETA POCO CONOCIDA EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ.

La copla española influenció en los”Versos Sencillos”de José Martí
La décima nació en España del ingenio de Vicente Espinel a fines del siglo XVI y sin dejar de ser estrofa culta y barroca pasó a América. Nuestro José Martí escribió un centenar de décimas. Es la titulado “A bordo” la décima de mayor valor poético del Héroe Nacional de Cuba.
Velas abajo, mozo arriba/ acá el roto, allá el peñasco/ ido el sol, recio el chubasco/ y el barco, no barco, criba/ gigante el viento derriba/ los hombres de las escalas/desatadas van las balas/ rodando por la cubierta/ y yo, en medio de la obra muerta/ vivo, de mi hijo en las alas.
Quieres mis versos tener/ qué versos te he de decir/ quien queda de verte ir/ sin liras ya que tañer/ versos? Pues con ser mujer/ y nacer de quien naciste/ flor de estrella verso fuiste/ delicado, casto airoso/ más que el cantar querelloso/ de un hombre pálido y triste.
Al decir de los entendidos esa faceta poco conocida de la obra del Apostol de la Independencia de Cuba, no es la mejor muestras de su importantísimo quehacer literario, pero ofrece valor al género en nuestro país.
El poeta y estudioso de la estrofa Waldo González, estima que no se puede hablar de la evolución de la décima en Cuba sin la honda presencia de José Martí. Virgilio López Lemus, destacado investigador, plantea que el maestro es un incomparable “fecundador” en los ámbitos de la poesía oral improvisada de los repentistas criollos.
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